viernes, 23 de septiembre de 2011

Starlettes

Hace ya días que escribí sobre mis locos bajitos, maestros y personas que me enseñaron a lo largo de mi carrera universitariay de los que guardaba recuerdos imperecederos.

Pero no hablé sobre los maestros aragoneses que tuve y de los que me enorgullezco, tanto más cuando ya no puedo estar con ellos porque fallecieron y me dejaron un gran espacio vacío en el corazón.

Mis recuerdos de mis dos maestros aragoneses parten del miedo que teníamos a “los catedráticos”, porque no solo tenían una gran cantidad de conocimientos, sino poca paciencia y gran exigencia con sus alumnos. Así que más que la alegría de saber que nos iba a llegar una transmisión profunda, teníamos un miedo terrible a caer en sus garras.

El primero fue Don Manuel Alvar López. Nos enseñó Dialectología, Sociolíngüística y Geografía lingüística. Desde el primer momento nos sorprendió su envaramiento (que desaparecía tan pronto como te acercabas a preguntar cualquier cosa) y su ultracuidada pronunciación del alemán. Un compañero mío todavía sigue haciéndonos reír cuando lo imita pronunciando los nombres de las revistas filológicas alemanas, con sus nombres tan rimbombantes. De verdad que guardo un magnífico recuerdo suyo y, como tantas veces, me queda el sabor algo amargo de no haber sabido disfrutar de sus enseñanzas ampliamente.

El segundo fue Don Fernando Lázaro Carreter. Lo tuvimos en dos asignaturas: Teoría y Crítica Literaria, y La Literatura del siglo XVII. La verdad era que imponía: alto, enchaquetado, serio, con una cierta cara de “bulldog” y, sin embargo, con una sensibilidad -inimaginable a simple vista- para todo cuanto tuviera relación con las palabras y su belleza. De verdad, increíble. Las clases se llenaban con nuestro grupo, pero es que además acudían profesores que estaban libres, estudiantes del doctorado y todo tipo de personas que querían. Su voz y su dicción llenaban la sala, el aula o lo que correspondiera. No le noté jamás miedo escénico, ni exceso de rigor, ni querencia o malquerencia.

Pero es que además era algo chungón y divertido. Tenía una cierta socarronería que no impostaba y ni siquiera la usaba con acidez desmedida, sino que brotaba como el que se encuentra un pelo en la sopa: por sorpresa.

Recuerdo dos anécdotas curiosas. Una fue cuando las autoridades de Magallón (Zaragoza) –de donde era natural- decidieron darle un homenaje y nombrarlo hijo predilecto del pueblo. Él acudió y todo iba bien hasta que el alcalde tiró de la cortinilla que cubría la placa de mármol donde se le reconocía su valor. Pero el pobre alcalde, deseando darle con las palabras lo que su capacidad no podía, no se le ocurrió otra cosa que inscribir en la piedra: “En memoria de …”, a lo que Don Fernando contestó socarronamente diciendo: “¡Hombre, no tan deprisa, no tan deprisa!”.

La segunda fue la que da nombre a esta entrada. Un día llegó a clase muy ufano y feliz porque había descubierto una nueva variedad estilística que él bautizó con el “COMO DE LAS STARLETTES”. Y es que en aquella época en la que empezaban a aparecer en televisión toda suerte de actrices, modelos, mozas y no tan mozas sin más preparación que el éxito del momento o la película recién estrenada, pues cuando les preguntaban en la televisión sobre su experiencia, ellas contestaban rizando el rizo:”… estoy como que muy contenta, como muy emocionada…” y a ese “como”, Don Fernando lo catalogó como el COMO DE LAS STARLETTES. Era el “como” de quien no quiere –porque no puede o por una humildad fingida- ir más allá en su propia alabanza, pero a la vez tampoco quiere dejar pasar la oportunidad para hacerse los honores. Es un “como” granujiento, mentirosillo y cargado de oropel.

Creo que fue anteayer cuando Rodríguez Zapatero se despidió del Congreso y, tras los rifi-rafes pertinentes con el pirata tuerto de la Oposición, puso fin a su mandato presidencial. No sé si utilizó el COMO DE LAS STARLETTES o no dijo más de lo que ya había dicho. El caso es que, viéndolo despedirse, me vino a la cabeza Don Fernando y su “como de las starlettes” y me brotaban frases de este jaez: ”como si hubiéramos tenido Presidente”, “como si no hubiera crisis” y “como si no pasara nada”.

Si Don Fernando levantara la cabeza, le propondría que abriera otra nueva categoría y la llamara el “COMO DEL PRESIDENTE”. ¡Lastima!

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