Durante nuestra visita a Frías, nos alojamos en un pueblito cercano (dos kilómetros escasos) llamado Tobera y en una casa de turismo rural de gran comodidad, amabilidad y belleza.
Aprovechando nuestros descansos entre salida y salida, hicimos un paseo matinal y rociero (por aquello del rocío) y nos quedamos prendados de la belleza del lugar.
Nos contaba el anfitrión rural que en aquel pueblo había habido, mucho tiempo atrás, más de veinte molinos que aprovechaban el caudal del río Molinar. Lo cierto es que no quedaba ni uno, gracias a Dios, y los ojos se alegraban con el agua refulgente y campanilleante sobre las piedras eternas del lugar.
Otro lugar que no habría que dejar de ver: Cualquier excusa sería buena.
¿Qué es lo que tienes tú contra los molinos, amigo Sancho? Aparte de eso, buen ojo y buenas manos, ¡¡buenas fotos!!
ResponderEliminarCaro Quijano Extranjero:
ResponderEliminarContra los molinos nada, excepto el mal que puedan hacerle a vuesamerced, cuando le dé la venada y se decida a confundirlos y atacarlos.
No son especialmente feos, pero por lo que me contó el posadero, tales molinos eran de pasta de papel y bataneros, por lo que cualquier resultado habría de ser pestilentemente oloroso.
De cualquier manera, tomo nota de su "piropo" hacia las imágenes que hace mi cámara, con la única ayuda de un dedo en gatillo que las dispara.
Gracias gracias gracias
Abrazos
Confúndesme. No tengo mucho de caballero andante, y no otra lanza que no sea mi cámara, pero sí algo de lector de ciertas obras clásicas. Y creo, como humilde nieto de molineros, que en su peregrinar castellano ha confundido usted la aventura de los molinos con la de los batanes, piezas del mismo libro. Pero queda aclarado.
ResponderEliminarFelicitaciones, An Arco, por esas fotos tomadas con la sensibilidad del verdadero artista cuya mirada escoge lo de bello que hay a nuestro paso y que no todo el mundo percibe al pasar. La ermita de Nuestra Señora de la Hoz y el humilladero del Cristo de los Remedios, en ese agreste paraje y envueltos en el tenue velo de la niebla son tan sugerentes y emotivas, que parecen sacadas de una antigua leyenda medieval. Por otro lado, y como contrastando con esas imágenes, el colorido y la nitidez de las flores que nos presentas, borran los atisbos de melancolía que las anteriores nos han podido provocar y nos hablan de la alegría de vivir. Y no me extiendo en otros pensamientos que me surgen al contemplar tus instantáneas, pero sábete que con ellas me haces disfrutar y recordar momentos muy agradables pasados por los parajes que nos ofreces con tus personales reportajes y que tuve también la suerte de visitar no hace mucho tiempo. Por todo ello, gracias, colega.
ResponderEliminarCara Gelovira:
ResponderEliminarTus palabras -tan laboriosamente escogidas- me recuerdan las que suelen ilustrar los folletos de presentación de exposiciones en museos y galerías.
Gracias por cada una de ellas, aunque sabes que mi única pretensión ha sido siempre que el ojo busque lo que el corazón quiere. La técnica para profesionales como El Extranjero.
Yo me conformo con mucho menos.
Abrazos
¡Caramba! ¡Qué manera de excluirme de los asuntos del ojo y del corazón!
ResponderEliminarCaro Alonso:
ResponderEliminarQuédome estupefacto viendo que, a pesar de sus abundantes lecturas clásicas y del dominio psicológico que sus estudios le han proporcionado, no atina en cuanto a mis intenciones, valorándolas como aviesas, cuando nada en ellas lo supone.
Lamento que se excluya Vuesa Merced del ojo y del corazón, porque no se me pasó por las pocas entendederas, que pueblan estos escasos e hirsutos pelos, que Vuesa Merced quedara excluido, antes bien, le otorgaba el beneficio de la técnica, que añadida a los ojos con que su organismo cuenta y al corazón y sus válvulas que lo hacen ser contendiente más que peligroso en el arrobado mundo de la padelística, hacen de Vuesa Merced un fenómeno fotográfico.
Repítole mi lamento de que Vuesa Merced empiece a alucinar y a confundir, no episodios, sino molinos con gigantes y galeotes con buena gente.
Permítame que le aconseje: si las pastillas que Vuesa Merced engulle son de colorines, déjelas de tomar presto; si no toma ni consume sustancia farmacológica alguna, róbeselas a alguno que tenga a mano, porque no hay nada más malo que confundir amigos con enemigos, especialmente para los pobres que, como este humilde Sancho, sale malbaratado de esta y de las mil Ínsulas Baratarias que pueblan este dichoso Ebro.
Suyo afectísimo
Panza (lo de Sancho no lo termino de digerir).