Si nos juntamos, haremos más. Si nos mezclamos, lo haremos más rico.
miércoles, 28 de octubre de 2015
JODER
martes, 27 de octubre de 2015
ARTE
Irina Shott
lunes, 26 de octubre de 2015
SANDÍA
domingo, 25 de octubre de 2015
LECHE
Roy Janoch
sábado, 24 de octubre de 2015
GUAPO
viernes, 23 de octubre de 2015
miércoles, 28 de agosto de 2013
Viajes veraniegos 2013: Carcassonne (Francia)
Para terminar nuestra escapada durante el puente se nos ocurrió la “brillante” idea de escaparnos a la vecina Carcassonne (más o menos a 92 kilómetros de Toulouse) con el fin de ver la Cité y el castillo y pasar el día alegremente entre sus muros.
He entrecomillado el adjetivo “brillante” porque a nadie en sus cabales se le ocurre, en pleno verano y con vacaciones alrededor ir al sitio más turístico y atractivo de la zona. Lo que es peor es que pensábamos que era una buena idea porque “la gente” seguro que se iría a la playa.
Pues no. Mala idea. El día nos sonrió con un calor de mil diablos y una autopista llena hasta la bandera. Llegamos cocidos y exhaustos. Paseamos por la ciudad nueva. Vimos sus calles y sus iglesias. Cruzamos el río por el puente nuevo y subimos al castillo. De verdad que fue como si llegáramos después de una guerra.
Alcanzar la entrada del castillo costó un sufrimiento, por el calor y el sol de justicia, pero luego penetrar los muros entre la maraña de gente que se abigarraba por sus puertas y por sus callejas se transformó en misión imposible, así que gentilmente dimos la vuelta, bajamos buscando la sombra y unas buenas cervezas y no hay mal trago que no se pueda aplacar con una buena comida y con un buen entoldado.
Quedamos tan agotados que ninguno de los destinos cercanos (monasterios, ribazos, lugares turísticos) pudo hacernos cambiar de opinión y volvimos nuevamente a nuestra torre de marfil, donde nos cobijamos hasta que cayó la tarde y refrescó todo lo sufrido.
Recomendación: A Carcassonne no hay que ir en domingo, ni en vacaciones estivales. Mejor fuera de temporada y en día laborable.
martes, 27 de agosto de 2013
Viajes veraniegos 2013: Albi (Francia)
Aprovechando que ya habíamos dado vueltas y revueltas por Toulouse, nos animamos a viajar a Albi, pequeña ciudad situada a cien kilómetros al noreste.
Lo primero que nos sorprendió fue llegar allí por una autopista que tan solo nos costó 1’46 euros: ignoro hasta este momento el porqué.
Una vez que entramos en la ciudad todo fue de sorpresa en sorpresa: un parking a pocos metros de la entrada de la ciudad y ¡¡¡gratuito!!!
La ciudad estaba llena de casitas bellas, edificios antiguos, calles primorosas, una plaza con la catedral y una casa señorial donde está el museo de Toulouse Lautrec.
Decir que el ambiente que se respiraba era de paz, que las calles – a pesar de que gente había- eran espacios de sosiego, de calma, de esparcimiento, de entretenimiento.
Las iglesias estaban todas construidas en ladrillo –como las de Toulouse- rojo y eso las hacía más sorprendentes, porque no hay nada más sorprendente que un edificio gótico realizado en ladrillo. Por dentro, todo repleto de dibujos en las paredes –horror vacui- y sin embargo, nada que resultara agobiante o abigarrado.
Pasamos el día, comimos ligeramente en una de las calles, paseamos y vimos tienducas, cruzamos el río, subimos y bajamos y subimos y volvimos a bajar. Nos quedó tan buen sabor de boca que nos pareció mal terminar allí la excursión y decidimos acercarnos a la ciudad de Castres, relativamente cercana. Creo que el contraste fue tan grande que, sin parar, volvimos a ponernos en marcha hacia nuestra torre en Toulouse.
Resumiendo: Albi es un sitio altamente recomendable para quienes desean pasear sin prisas y desean deleitarse con las maravillas de los museos, de las iglesias y de la naturaleza.
domingo, 25 de agosto de 2013
Viajes veraniegos 2013: Toulouse (Francia)
Voy a ser sincero: los motivos por los que fuimos a Toulouse fue porque era un lugar lo suficientemente lejano como para no oír la música ni las peñas de las fiestas del pueblo, que en ese puente iban a asonar día y noche sin piedad alguna los oídos y los segundos de cada uno de los allí presentes.
Así que sin pensarlo dos veces decidimos irnos a hacer turismo al país vecino.
Quizás es que estábamos gafados, quizás es que el cielo así lo quiso, el caso fue que nuestro navegador GPS se las ingenió para llevarnos por lo más profundo de la profunda Francia, sin piedad, con tesón y sin más indicaciones que una voz maquinalmente femenina que insistía las más de las veces en largarnos al sembrado o a cualquier otro lugar que sirviera para hacernos más larga la travesía. No lo digo de coña: fue así a la ida y a la vuelta. Por todo ello y por la experiencia acumulada, les aconsejo que se deshagan del navegador de la manera más rápida que puedan, si no quieren que se les amargue el principio o el final de cualquier viaje.
Nuestra llegada a Toulouse fue por la tarde de un día de fiesta nacional –uno que es totalmente lego de las fiestas extranjeras pensó que el día de la Virgen de Agosto jamás sería fiesta en el país de la Revolución, pero ese uno se equivocó de medio a medio-. Nada más llegar y tras la ducha necesaria, emprendimos un paseo ligero por la ciudad, especialmente por el centro, donde estábamos alojados, a comprar algo de pan y de agua con que saciar nuestras primeras y más perentorias necesidades.
No puedo decir que la primera visión de Toulouse se nos antojara sorprendente, ni maravillosa, ni siquiera amigable. Nos pareció una ciudad en día de fiesta, con gran cantidad de desheredados, emigrantes, inadaptados y nativos dejando pasar las horas. Más o menos como aquí, con la única diferencia del idioma y del pasaporte.
Tras una cena, un merecido descanso viendo canales de televisión en idiomas ignotos, decidimos irnos a dormir para estar bien frescos al día siguiente –día laborable, gracias Dios-.
Tras una larga noche de ambulancias, coches, despedidas cantadas, chilladas, gritadas e incluso amplificadas; ladridos, camiones de la basura, etc. llegó el hermoso despertar. Porque lo que no he contado es que estábamos alojados en el edificio más alto de todo Toulouse, pero además nuestro apartamento estaba en el piso 18 de una alta torre que rascaba el cielo. La vista era prodigiosa, casi celeste, casi divina, casi superior. Contemplamos todos los tejados de la ciudad, todas las torres, iglesias, norias, edificios oficiales, estación de tren, canal, río… Me vino a la mente aquella canción de Hilario Camacho titulada “Volar es para pájaros”.
El caso es que tras pasar un buen número de horas, por la mañana y por la tarde, pateando la ciudad en nada adormecida por el verano y las vacaciones, nos quedó un regusto agradable y amable de la ciudad, aunque solo nos prometimos volver cuando se haga más limpia o menos ruidosa que la nuestra propia.
jueves, 18 de julio de 2013
Viajes veraniegos 2013: El Algarve (Portugal)
Dicen (o mejor, “decían”) la guías que El Algarve portugués goza de un microclima especial que hace que la temperatura no suba de 30 y no baje de los 21 en lo que a grados Celsius se refiere.
La realidad es que ni a la salida de Zaragoza ni a la llegada dicha información se cumplió. Solo recuerdo calor, calor, calor. No puedo hablar de la humedad que suele haber cerca del mar, porque el calor lo tapaba todo. Calor, calor y calor.
Hasta las aguas atlánticas (referencia de aguas frescas donde las haya) estaban calentitas y sosegadas.
Por lo demás, las guías tenían razón: no hay nada que sea auténtico, en el sentido artesano, popular, terruñero. Todo es blanco, pero es porque el paisaje está enjalbegado de edificios de todo tipo, altos, bajos, pequeños, grandes, inmensos, saturados, aumentados, sobrecrecidos, acosadores, instigadores, explotadores, especuladores… Es lo mismo que hemos visto por estas tierras, pero allí, en la vecina y querida Portugal. Yo creo que ni ellos mismos se extrañan ya.
Lo más interesante es la atracción que provoca en paisanos de más allá de los Pirineos. Jóvenes y medianos, mayores y jubilados, matrimonios y recién paridas. Había de todo y todos rojos como las gambas a medio cocer, aunque tenían facilidades: por la mañana al sol de la playa y por la tarde noche al calor de los innumerables cobijos especialmente diseñados para sonsacarles los euros que tuvieran sueltos o agarrados al bolsillo. Muy ruidosos, muy obstinados, muy suyos.
En fin, calor, calor y calor. Mucho turismo y mucho calor.
Cabo de San Vicente
Sillar corroído por la sal
Faro de San Vicente
Faros de San Vicente
¡Cuidado con los tiburones!
Vila do Bispo
¡Y que viva México!
Dulce y cálida Tavira
Plaza Mayor de Tavira
Escaleras al castillo de Tavira
Acceso a la Ciudad Vieja de Faro
¡¡Agua!!
Acceso a la Catedral de Faro
Zona peatonal de Faro
!Hasta los gatos tenían calor!