sábado, 12 de junio de 2021

Aquarela (Toquinho)

La canción que he escogido remite a mi infancia. Cuando yo era pequeña, había un anuncio en la televisión de lápices de colores que me cautivaba. Cada vez que veía el anuncio, lo cantaba. Era un anuncio lúdico y creativo. La canción me transmite mucha alegría y una cierta nostalgia. Hace mucho tiempo que no la escucho. Cuando mi hija era pequeña yo se la enseñé para que ella conociera una música de mi infancia. Hoy en día los niños escuchan música para adultos. Mi hija escucha canciones pop en inglés y francés.

 


No recuerdo bien cuándo fue la primera vez que la escuché. Sólo recuerdo a mis padres viendo en la televisión el telediario y en los intermedios ponían mi anuncio favorito. La canción es muy alegre y me transmite cierta paz de espíritu. También me da la impresión de que con un poco de creatividad podemos crear cualquier cosa. “En alguna hoja dibujo un sol amarillo. Y con cinco o seis líneas rectas es fácil hacer un castillo. Me paso el lápiz por la mano y me doy un guante”. Hice mi propia traducción para poder disfrutala, porque hay una versión española, pero es muy diferente de la original.

Por último, la canción es de un gran músico brasileño llamado Toquinho. Él es un músico que tocó e hizo colaboraciones con grandes autores de la música popular brasileña, en particular con Tom Jobim y Vinicius de Moraes. Ellos son músicos de la Bossa Nova.


Ana Victoria Castiñeira

jueves, 27 de mayo de 2021

Ha llovido mucho

Hasta el día de antes estuvimos con la página del Aemet en la mano. Municipio: Zaragoza. Predicción: 7 días. La columna 06-12h la encabezaban dos nubes negras sobre rayitas azules en ligera diagonal. Barruntábamos tormenta. Pero el valle del Ebro suele ser imprevisible, apuntó Viki, al otro lado del teléfono, desde el Centro de visitantes de Juslibol.

Y así fue. Debió de ser un vuelco en la depresión (térmica) o los caprichos del viento (cierzo), porque cuando cogimos el tranvía hacia el norte, la previsión 06-12h se había trasladado a la columna 12-18h. Y sí, llovió. Pero no nos llovió. Para cuando llovió estábamos ya en casita, intercambiando las fotos y rememorando escenas. También puede ser que la climatología se mostrara generosa porque nos debía una, desde nuestro último concierto, hace ya un par de años.

Más aún. Si rebobinamos nueve días atrás, la comprensión escrita de esa mañana (El ser y el tener) comenzaba así: Ha llovido mucho desde que el filósofo Erich Fromm  Setecientas  palabras después, al acabar la lectura, la primera pregunta fue para esa primera expresión:

-¿Ha llovido mucho significa que ha habido mucha discusión sobre el tema?

-Mucho más simple. Es que ha pasado mucho tiempo, o que han pasado muchas cosas en determinado periodo.

- Pues en mi pueblo eso no pasaría, porque no llueve casi nada.

- ¿Hola? Os pongo un ejemplo: Ha llovido mucho desde la última vez que fuimos a Juslibol.

Fue otro 13(+1) de mayo. El de 2017. Ni están los que estaban ni los que quedamos somos los mismos. Aquella jornada queda tan cercana, y sin embargo distante, que ha sido fácil rescatarla de la memoria pero no tanto rebuscarla en la Memoria académica de 2016/17, para su publicación en este blog, conjugada en Pretérito imperfecto.

En la distancia, hay imperfectos que se tornan perfectos. Allí estábamos otra vez, preparados para repasar todo lo pretérito, hasta resucitar el pluscuamperfecto. Para resetearnos. Dispuestos a reencontramos con Viki y Mario, entusiastas guardianes de los galachos. Prestos a escribir una nueva crónica capaz de reescribir el mundo, como quien cruza el espejo hacia el recuerdo o la ficción.

Magda comparaba las finas culebrillas de agua con las anacondas de Brasil. Anna viajó hasta Ucrania cuando vio los mismos chopos. Urve relacionaba los corzos del lugar con los cérvidos de Estonia. Cada cual se montó su propia película. Ávidos de volver al pasado como quien, de paso, sueña con regresar al futuro. Y rematar la peli con un giro de guion. Con final feliz. En clave de celuloide.

Z, la ciudad perdida
 
Luces de la ciudad
 
La ilusión viaja en tranvía
 
La red social
 
Reservoir dogs
 
Los cuatro fantásticos
 
Centauros del desierto
 
Origen
 
Algo pasa con Mary
 
Con la muerte en los talones
 
La flor de mi secreto
 
La mujer de la montaña / Rocky V
 
La comunidad del anillo
 
Matrix reloaded
 
En la ciudad sin límites
 
Parásitos

Brokeback mountain (En terreno vedado)

 Salvar al soldado Ryan

 Los chicos del coro 
 
Pretty woman

 Al final de la escalera

 Algo para recordar

 La ley del silencio

 Los puentes de Madison

 Seven

 La gran belleza

 Las niñas

 Alguien voló sobre el nido del cuco

 Uno de los nuestros

 La vida de los otros

 La vida por delante

 La vida es bella

El mismo amor, la misma lluvia... Había llovido mucho desde nuestra anterior visita a Juslibol. Ha llovido desde que Erich Fromm marcó la raya entre el ser y el tener. Desde que se estrenara el documental Ser y tener en Cannes, que habla de la esencia invisible de la educación, alejada de tecnócratas y asesores. Desde que hicimos nuestra primera salida fuera de Zaragoza. Desde que abrimos este blog. Desde que se despidió Piluca, desde que vino Mapi, desde que se jubiló Andrés. Desde que tomaron medidas para perimetrarnos. Desde que vimos por vez primera La lengua de las mariposas. Desde que dejamos de darnos besos.

Ha jarreado. A mares, a cántaros. Ha caído la mundial. El diluvio universal. Chuzos de punta. Perros y gatos. Somos los que estamos, náufragos en mitad de un galacho. Agarrados al aire libre como tabla de salvación. El club de la lucha.


 

miércoles, 26 de mayo de 2021

Pretérito imperfecto

(Mayo de 2017)

De todos los temas que la gramática del español pone para desesperación de nuestros alumnos, los que ejercemos este oficio sabemos que el uso del pretérito imperfecto y del pretérito indefinido es un auténtico campo de minas. Tan bacheado como el camino que nos condujo el pasado 14 de mayo hasta los galachos de Juslibol, en un tren de los de antes, tractorizado, sin dispositivos antibalanceo ni sistemas de tracción distribuida, sin más airbag que una de esas viejas cadenas para evitar que en uno de los giros vayas de cabeza al río.

Con los pretéritos, uno puede desgañitarse, blandir reglas como espadas o llenar pizarras a modo de mapas conceptuales. Trazar una barra que represente la línea del tiempo, en la que aparezcan vectores de doble flecha para el imperfecto y cruces a modo de puntos -o puntos a modo de cruces- para el indefinido. Y la cosa empeora: ves cómo se transforma el careto de los alumnos, que ya no preguntan, lo cual es siempre la mejor señal de que no han entendido nada.

Peor aún cuando a una de las alumnas le da por abrir un libro y da con una tabla en la que el cacareado indefinido aparece bajo el epígrafe Pretérito perfecto simple unido, a pocos centímetros, de un tal Pretérito perfecto compuesto. Por eso, pocos días antes del último 14 de mayo, cuando Aliana disparó una de sus preguntas sobre el tema, en forma de “No sé por qué tenéis tantos pasados, con lo fácil que es en ruso. Siempre que elijo uno es el otro”, precedida del “Es que los españoles sois muy raros”, no vi otra salida que pincharle directamente un poema de Alberti.

Hay que decir que la pregunta fue hecha poco antes de que dieran las diez, cuando todavía no he conectado con la racionalidad del sistema. Así que fue una reacción inconsciente, una confusa aportación al se equivocó/se equivocaba. Sé que no aclaré gran cosa, pero al menos oímos una canción de Serrat.

Si cuento todo esto es porque el pretérito imperfecto tiene mucho que ver con las intenciones y el indefinido con la realidad de los hechos. Y el viaje a los galachos estaba cargado de buenas intenciones. Todo iba a ser distinto y todo lo fue. No queríamos un viaje de mañana y tarde y elegimos uno solo de mañana. Íbamos a La Alfranca, pero contactamos con Viki y nos quedamos en Juslibol. Iba a llover, pero no llovió. Otros años nos quedábamos a comer pero esta vez tapeamos a la vuelta. Cogíamos un bus y nos montamos en un tren. Íbamos a ver un paisaje acuático y nos subieron a la estepa. Se equivocaba la paloma, se equivocaba… y al final se equivocó. Quizás todo este párrafo pueda servirnos de ejemplo en un futuro.

De entre los descubrimientos personales con los que cada curso académico nos sorprende, este año conocí a una alumna a la que llamaremos Bea. Bea me contó que, al acabar el colegio, pidió plaza en el IES Corona y le dieron el IES Goya. Aprobó Selectividad con nota para estudiar Enfermería, pero confundió el código en el impreso y anotó por error Magisterio. Subsanado el error, pudo volver a Enfermería, pero decidió quedarse en Magisterio. Me contaba todo esto porque ahora, futura erasmus, aspiraba a irse a la República Checa, pero sabía que le iban a dar Inglaterra. Igual que nos pasó a nosotros, que por un momento creímos estar en Palamós.

Se equivocó la paloma. Se equivocaba.

Por ir al norte, fue al sur.


Creyó que el trigo era agua.
 

Se equivocaba.
 

Creyó que el mar era el cielo;


que la noche, la mañana.
 

Se equivocaba.
 

Que las estrellas, rocío;
 

que la calor; la nevada.

 Se equivocaba.
 

Que tu falda era tu blusa;


que tu corazón, su casa.

Se equivocaba.
 
(Ella se durmió en la orilla.
 
Tú, en la cumbre de una rama.)

Pasado el evento, vuelves a la carga al día siguiente, en un último intento:

- Nos lo pasamos bien, ¿no?

- ¿Y por qué no pasábamos, si es una descripción?

Al final te relajas, y comprendes que somos también la suma de nuestros errores, el resultado de todo aquello que decidimos elegir y de todo aquello que queríamos y que al final no elegimos o no hicimos. Y así fue como, por ir a La Alfranca, terminamos en Juslibol. 
 
Y descubres que dejarse llevar por el instinto puede ser una buena manera de reconocer el imperfecto. La Bea anterior, la que decía que acabaría en Inglaterra, se equivocaba, porque gracias a unas mágicas décimas de punto, el año que viene paseará por Brno. La cuestión es que, por una vez que hizo lo que quería, nunca tenga que lamentarlo.