Continuando con la escapada, viajamos desde Frías a Trespaderne y desde allí, siguiendo unas gargantas (o congostos, como los llamamos en Aragón), llegamos a Oña y desde allí concluimos la visita de la montaña llegándonos hasta el pueblo de Poza de la Sal, pueblo natal del naturalista Rodríguez de la Fuente.
De Oña nos llamó la atención toda la arquitectura eclesiástica y el entorno, aunque no dejó en nosotros el buen sabor de boca de Frías o de Tobera.
En cuanto a Poza de la Sal, es un pueblo interesante porque desde su altozano se divisa toda la comarca de La Bureba, amplia y secana.
Nos dejamos para otra ocasión el continuar por la frontera regional y acercarnos a Espinosa de los Monteros, Medina de Pomal, Villarcayo y otros pueblo de esta zona conocida como “Las Merindades”.
Pero será para otra.
Eremitorio rupestre de Tartalés de Cilla. Este pueblillo es apenas una aldea enclavada a la derecha del camino que une Trespaderne con Oña. El lugar es idílico y la naturaleza exuberante. Sorprende su silencio y tranquilidad y todos los bordes del camino plagados de Equisetum arvense (cola de caballo, planta medicinal donde las haya).
En Oña, en los edificios del antiguo seminario había la exposición “El jardín secreto”, donde se permitía visitar los jardines circundantes al seminario y contemplar las “obras de arte” allí expuestas.
Sobre la calidad de las obras expuestas, las imágenes hablan por sí mismas.
Pero había otros regalos en los jardines
Y paseando por el pueblo de Oña, encontramos las siguientes instantáneas.
Dulces manos femeninas por aldabas, puertas, bastones…
Y curiosos nombres de calles
junto a madroños maduros
Y de Poza de la Sal trajimos estas imágenes
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