miércoles, 17 de junio de 2026

Excursión a Daroca

El jueves 14 de mayo fue el día que escogimos para hacer nuestra visita cultural. Este año elegimos Daroca, una ciudad aragonesa situada a unos 83 kilómetros de Zaragoza. Fue fundada por los musulmanes alrededor del año 800 y alcanzó gran importancia durante la Edad Media como centro comercial, cultural y estratégico del Reino de Aragón. 

Como éramos 72 personas, tuvimos que coger un autobús más grande de lo habitual para que todos pudiéramos ir juntos. Después de una hora de autobús y cargados con nuestras mochilas, el frío nos dio una bofetada, así que optamos por calentarnos con un café bien calentito. Una vez recuperada la temperatura ideal, estábamos listos para empezar la visita. Contamos con dos guías turísticas que se fueron turnando en diferentes tramos y, poco a poco, descubrimos que Daroca cuenta con un impresionante recinto amurallado de más de cuatro kilómetros de longitud.



Aprendimos que durante la Edad Media Daroca fue un ejemplo de convivencia entre las tres culturas que coexistían en gran parte de Aragón: cristianos, musulmanes y judíos. Cada comunidad tenía sus propios barrios, instituciones y lugares de culto, pero compartían la vida económica y comercial de la ciudad. Paseamos por la parte histórica y vimos unas pinturas en las paredes que ejemplifican cómo era la vida diaria en estas comunidades. Por el camino, algún alumno preguntaba qué significaba alguna palabra. El vocabulario que se aprende fuera del aula, en contextos reales, se recuerda mejor que el que se ve en los libros, y algunas de las palabras que aprendieron fueron alcantarilla, muralla o caballero.


Durante el paseo, Daroca nos sorprendió. Sus iglesias, palacios y calles medievales, que le han valido el reconocimiento como conjunto histórico-artístico.



Después de escuchar la historia de los Sagrados Corporales de Daroca, que se conservan en la Basílica, seguimos caminando un poco más y terminamos la visita en la Puerta Baja. Nos despedimos de las guías, dejamos un poco de tiempo para pasear o comprar algo en el mercado y nos fuimos acercando poco a poco al camping, donde teníamos reservada la comida. Algunos se trajeron un bocadillo, pero la mayoría comimos el menú del día en un restaurante. Y, ya con los estómagos llenos, estábamos listos para volver a Zaragoza. Por último solo nos queda darle las gracias a nuestros alumnos, Aldredo Marco Pradil y Qiang, por las fotos.

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